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domingo, 16 de noviembre de 2014

OJOS VERDES


Hoy, si mi madre estuviese viva, cumpliría 45 años.

OJOS VERDES -  Gustavo Adolfo Bécquer.


Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.
Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.
I

-Herido va el ciervo..., herido va... no hay duda. Se ve el rastro de la sangre entre las zarzas del monte, y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas... Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban... En cuarenta años de montero no he visto mejor golpe... Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Álamos y si la salva antes de morir podemos darlo por perdido?

Las cuencas del Moncayo repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada, y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos y perros, se dirigió al punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como el más a propósito para cortarle el paso a la res.

Pero todo fue inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó a las carrascas, jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, rápido como una saeta, las había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de una trocha que conducía a la fuente.

-¡Alto!... ¡Alto todo el mundo! -gritó Iñigo entonces-. Estaba de Dios que había de marcharse.
Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista a la voz de los cazadores.

En aquel momento, se reunía a la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.

-¿Qué haces? -exclamó, dirigiéndose a su montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos-. ¿Qué haces, imbécil? Ves que la pieza está herida, que es la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir en el fondo del bosque. ¿Crees acaso que he venido a matar ciervos para festines de lobos?

-Señor -murmuró Iñigo entre dientes-, es imposible pasar de este punto.

-¡Imposible! ¿Y por qué?

-Porque esa trocha -prosiguió el montero- conduce a la fuente de los Álamos: la fuente de los Álamos, en cuyas aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. Ya la res habrá salvado sus márgenes. ¿Cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes del Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Fiera que se refugia en esta fuente misteriosa, pieza perdida.

-¡Pieza perdida! Primero perderé yo el señorío de mis padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, el único que ha herido mi venablo, la primicia de mis excursiones de cazador... ¿Lo ves?... ¿Lo ves?... Aún se distingue a intervalos desde aquí; las piernas le fallan, su carrera se acorta; déjame..., déjame; suelta esa brida o te revuelvo en el polvo... ¿Quién sabe si no le daré lugar para que llegue a la fuente? Y si llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus, Relámpago!; ¡sus, caballo mío! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.

Caballo y jinete partieron como un huracán. Iñigo los siguió con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.
El montero exclamó al fin:

-Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto a morir entre los pies de su caballo por detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; de aquí en adelante, que pruebe a pasar el capellán con su hisopo.

II

-Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío. ¿Qué os sucede? Desde el día, que yo siempre tendré por funesto, en que llegasteis a la fuente de los Álamos, en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos. Ya no vais a los montes precedido de la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para enderezaros a la espesura y permanecer en ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en balde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?

Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con un cuchillo de monte.

Después de un largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalar sobre la pulimentada madera, el joven exclamó, dirigiéndose a su servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras:

-Iñigo, tú que eres viejo, tú que conoces las guaridas del Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo a las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste más de una vez a su cumbre, dime: ¿has encontrado, por acaso, una mujer que vive entre sus rocas?

-¡Una mujer! -exclamó el montero con asombro y mirándole de hito en hito.

-Sí -dijo el joven-, es una cosa extraña lo que me sucede, muy extraña... Creí poder guardar ese secreto eternamente, pero ya no es posible; rebosa en mi corazón y asoma a mi semblante. Voy, pues, a revelártelo... Tú me ayudarás a desvanecer el misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, sólo para mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede dame razón de ella.

El montero, sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarse junto al escaño de su señor, del que no apartaba un punto los espantados ojos... Éste, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:

-Desde el día en que, a pesar de sus funestas predicciones, llegué a la fuente de los Álamos, y, atravesando sus aguas, recobré el ciervo que vuestra superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de soledad.

Tú no conoces aquel sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae, resbalándose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes y, susurrando, susurrando, con un ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre sí mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces con risas; otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco a cuyos pies saltan las aguas de la fuente misteriosa, para estancarse en una balsa profunda cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.

Todo allí es grande. La soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.

Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fue nunca para perderme entre sus matorrales en pos de la caza, no; iba a sentarme al borde de la fuente, a buscar en sus ondas... no sé qué, ¡una locura! El día en que saltó sobre ella mi Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña.., muy extraña..: los ojos de una mujer.

Tal vez sería un rayo de sol que serpenteó fugitivo entre su espuma; tal vez sería una de esas flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas...; no sé; yo creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos. En su busca fui un día y otro a aquel sitio.

Por último, una tarde... yo me creí juguete de un sueño...; pero no, es verdad; le he hablado ya muchas veces como te hablo a ti ahora...; una tarde encontré sentada en mi puesto, vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer hermosa sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había visto..., sí, porque los ojos de aquella mujer eran los ojos que yo tenía clavados en la mente, unos ojos de un color imposible, unos ojos...

-¡Verdes! -exclamó Iñigo con un acento de profundo terror e incorporándose de un golpe en su asiento.

Fernando lo miró a su vez como asombrado de que concluyese lo que iba a decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:

-¿La conoces?

-¡Oh, no! -dijo el montero-. ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta estos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro por lo que más améis en la tierra a no volver a la fuente de los álamos. Un día u otro os alcanzará su venganza y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.

-¡Por lo que más amo! -murmuró el joven con una triste sonrisa.

-Sí -prosiguió el anciano-; por vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la que el Cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor, que os ha visto nacer.

-¿Sabes tú lo que más amo en el mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me dio la vida y todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, por una sola mirada de esos ojos... ¡Mira cómo podré dejar yo de buscarlos!

Dijo Fernando estas palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento sombrío:
-¡Cúmplase la voluntad del Cielo!

III

-¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro en tu busca, y ni veo el corcel que te trae a estos lugares ni a los servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda. Yo te amo, y, noble o villana, seré tuyo, tuyo siempre.

El sol había traspuesto la cumbre del monte; las sombras bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, y la niebla, elevándose poco a poco de la superficie del lago, comenzaba a envolver las rocas de su margen.

Sobre una de estas rocas, sobre la que parecía próxima a desplomarse en el fondo de las aguas, en cuya superficie se retrataba, temblando, el primogénito Almenar, de rodillas a los pies de su misteriosa amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.

Ella era hermosa, hermosa y pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron como para pronunciar algunas palabras; pero exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre los juncos.

-¡No me respondes! -exclamó Fernando al ver burlada su esperanza-. ¿Querrás que dé crédito a lo que de ti me han dicho? ¡Oh, no!... Háblame; yo quiero saber si me amas; yo quiero saber si puedo amarte, si eres una mujer...

-O un demonio... ¿Y si lo fuese?

El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato de amor:

-Si lo fueses.:., te amaría..., te amaría como te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de esta vida, si hay algo más de ella.

-Fernando -dijo la hermosa entonces con una voz semejante a una música-, yo te amo más aún que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal siendo un espíritu puro. No soy una mujer como las que existen en la Tierra; soy una mujer digna de ti, que eres superior a los demás hombres. Yo vivo en el fondo de estas aguas, incorpórea como ellas, fugaz y transparente: hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente donde moro; antes lo premio con mi amor, como a un mortal superior a las supersticiones del vulgo, como a un amante capaz de comprender mi caso extraño y misterioso.

Mientras ella hablaba así, el joven absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la roca.

La mujer de los ojos verdes prosiguió así:

-¿Ves, ves el límpido fondo de este lago? ¿Ves esas plantas de largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?... Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales..., y yo..., yo te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado en tus horas de delirio y que no puede ofrecerte nadie... Ven; la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino...; las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles; el viento empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven..., ven.

La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas... Ven, ven... Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven... y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso..., un beso...

Fernando dio un paso hacía ella..., otro..., y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve..., y vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo y lúgubre.


Las aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose hasta expirar en las orillas.


jueves, 13 de noviembre de 2014

Os quiero mamones. S.

Me hicieron una fiesta sorpresa. Me disfrazaron de niña del exorcista. Comimos tarta, bebimos, cantamos y vimos una película. Me cantaron cumpleaños feliz en clase. Bailamos bachata, sevillanas y oímos flamenco en la radio. Estuvimos en el bar, comí mi tapa favorita y me bebí cuatro cervezas. Me llevaron al único bar rockero del barrio, me cantaron cumpleaños feliz, el dueño del bar me dio dos besos, me invitaron a dos legendarios con cocacola y un chupito de Ron. Y descubrí una cosa. Que se me da fatal jugar al futbolín.
Pero, en serio. Gracias por todo. Han sido dos días maravillosos.






 M



 L y I
 M
 P
 J
 S
 F y D
 Tía C

 Tía M
 F y D

Abuela

PD; También me han regalado dinero :)

martes, 28 de febrero de 2012

Soixante-Dix Ans


Una de las cosas que te mantienen vivo cuando estas hundido es que la gente se preocupe por ti.
Para Brian era duro no sentirse integrado. Hacía mucho tiempo que Keith y Mick le dejaron de lado. Él, cada día, se refugiaba cada vez más en las drogas, dejándole hundido e inconsciente en su casa, sin poder moverse.
Brian ponía a prueba la resistencia de las personas con sus exigencias y sus caprichos, pero ya había agotado la de todos.
La única clase de amor que recibía era la que tenía por parte de Groupies, camareros, chóferes, novios, novias, amantes. Aún contando con eso, apenas podía enfrentarse a la vida. Y menos que eso, le parecía una gran estafa.
Feliz cumpleaños Brian.

martes, 15 de noviembre de 2011

Cumpleaños feliz


Hace mucho tiempo que dejé de sentir cosas que antes sentía. Por eso creo que, este ha sido el mejor cumpleaños de todos.
Marta me contó que, la mejor edad, y, sin duda, la mejor celebración es la de los 19 años.
Fue cierto. Incluso antes de que llegara el día de mi cumpleaños.
Conocí a Lucía Etxebarria 3 días antes de cumplir los 19. Y dentro de 15 días conoceré a Risto Mejide.
Fue un poco extraño, y eso sí que lo tengo que reconocer, el no haber presenciado vuestra compañía, pero, también, he de reconocer, que hacía mucho tiempo que esa sensación de felicidad en el día de MI CUMPLEAÑOS, no la había vivido desde... ¿Hace cuánto? ¿10 años? ¿Tal vez más?
En la vida me lo había pasado tan bien. Risas, celos de Gema por mi tía, horas y horas de póquer, los mejores regalos del mundo, y sobre todo, una JODIDA tarjeta de cumpleaños que no llega AL EURO, firmada por cuatro chicos, del cual sólo uno, me regaló algo aparte.
¿Tan difícil era hacer eso hace dos años?
No eché en falta a nadie. Y en cuatro horas, se me olvidó todo el planeta. Sólo existíamos las personas que se encontraban en ese piso.
Hace muchos años que me llevo diciendo a mí misma que dejara de hacer las cosas por los demás, y sobre todo, que pensara más en mí, y mucho más en mi cumpleaños.
Jamás he estado tan feliz. Ver esa tarjeta firmada por Dani, Rocío, Gema y Josema me emocionó.
Hacía mucho tiempo que no les abrazaba de esa manera.
Me cansé del drama. Absolutamente de todo el drama. De intentar arreglar las cosas, de ser el perrito faldero, de buscar cariño sin recibir nada a cambio.
No sé lo que ha pasado. Hace mucho tiempo que dejé de existir para vosotros. Y tampoco quiero saberlo. Pero seguiré estando aquí, como siempre he hecho. Celebraré de nuevo el sábado mi cumpleaños en el Indio, e iré mañana a clases. Veré a Risto, terminaré de leer el libro de Lucía, y, de vez en cuando, saldré por ahí con esos cuatro de arriba. Pero seré yo, y no alguien que pone una sonrisa en la cara cuando en realidad lo que tiene es ganas de llorar.










martes, 12 de julio de 2011

Dos años


Dos años de lágrimas, de alegría, de relaciones, de sentimientos.
Dos años de clases, de nuevos amigos, de ex amigos.
Dos años de desgracias, de muertes.
Dos años de recuperaciones, de ganas de vivir la vida, de ganas de cambiar.
Dos años de conciertos, de nueva música, de ilusiones.
Dos años de serenidad, de ganas de cambiarlo todo, de esperanzas.
Dos años de entradas, de fotos, de historias.
Dos años en sólo 169 entradas.
Dos años de pequeños sentimientos, y Bi Bad Girl.
Dos años de este blog. Y lo que le queda.

lunes, 28 de febrero de 2011

jueves, 11 de noviembre de 2010

Happy Birthay to me


Cuando tenía 17 años. Quería:
(así [.......] lo hecho)
Irme de Mariconeo.
Ir a un concierto de Slipknot.
[Saber el por que de todo lo que decían (mitad y mitad).
Probar la Absenta, el Jameson y [el Vodka].
[Releer el libro de Jenna Jameson].
Tener novia para llamarla cariñosamente Enana.
[Pasear bajo la lluvia].
[Contarles a todas mis personas de confianza sobre mi bisexualidad].
[Gravar en un CD, canciones variadas que me gustaban (al final salieron 4)].
[Comerme una caja de Ferrero Rocher (uno al día, no penséis mal) yo sola].
Hacerme el flequillo y teñirme de rubio platino (el mes que viene ^^, no es tinte pero
si una cosa muy chula)
Tener un gato blanco y gris de ojos verdes llamado Shane
Tener todos los capítulos de L Word (Se me jodió la torre cuando me quedaba la
última temporada)
Hacerme el tatuaje.
Un perrito para llamarlo Plixi.
Sacarme la Eso, por el examen de abril para quitarme dos meses de curso.
Montarme en la bici, sin tener que pensar que Esther seguía con las 4 ruedas a sus 19
años (ir con ella en bici era muy extraño)
Disparar un arma.
Tener impresa todas las fotos que me gusta (Me quedé por la mitad porque la
impresora se jodió)
Hablar por teléfono con alguien en Francés.
Besar a alguien a través de un cristal de un coche.
[Bañarme en Octubre en la piscina del hotel].
[Llevar a mi tía al Starbucks.]
[Ser la primera persona en felicitar a Esther por su cumpleaños].
Escuchar a Homer Simpson decir Lisa.
[Que Adrián me ayudara a bajas las escaleras de la academia].
Que mi abuela me diera mas liberta.
.........................
Nada mas levantarme, mi abuela me dijo:
Bueno, ya tienes 18 años, ya puedes hacer lo que te de la gana, así que si un día quieres irte y venir a las 8 de la mañana no hay problema.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Happy Birthday to me


Hoy es mi cumpleaños. Cumplo 17.
El lunes se me ocurrió esta actualización.
( Lo que esta en rojo es lo que e hecho)

Cuando tenía 16 años. Quería:
Acostarme con todas las chicas que se cruzaban en mi camino.
Beber asta que cerrara el bar.
Aprender a bailar.
Tener mi cartera llena de dinero para las noches locas.
Tener un portátil y un busca.
Escribir mis pensamientos en un blog.
Escribir relatos tórridos.
Hacer un trío con dos chicas de cabello negro.
Enamorarme perdidamente de una mujer llamada Kate.
Un piso para mí sola.
Ser mamá de tres gatitos pequeñitos.
Probar toda clase de alcohol como los grandes.
Una chupa de cuero y una banda a lo Axl Roses.
Mandar a la mierda a toda mi familia.
Teñirme el pelo de colorines.
Recibir cartas de amor.
Despertarme a las 5 de la mañana y ver el amanecer con un cuerpo desnuda al lado
Hacerlo de noche en la playa tomando cerveza o vino en caja.
Terminar el instituto y conocer el éxito.
Escaparme con alguna chica fuera de la ciudad y decirle te amo sin amarla.
Preservar mi rol de pervertida en la vida.
Gravar en un disco canciones de amor.
Pintar las paredes de mi habitación de morado.
Traducir todas las canciones de Slipknot.
Fumar una cajetilla de cigarros sin ahogarme.
Una reconciliación de película en plena calle, rodeada de coches y de gente que se conmovía.
Recodarle todo los días a mi abuela que era independiente gracias a mis ideales.
Todas las botas del New Rock.
Tener una o varias amistades importantes.
Fastidiar a mi peor enemiga.
Comerme una caja de Ferrero Rocher yo sola.
Hacerme un piercing.
Ir al Sasha.

Ahora que tengo los 17, ¿Qué querré hacer?